Neurointegración

Tendencia. Compilamos aquí, los primeros datos sobre la perspectiva de actualizar los Derechos Humanos ante el avance acreditado por las Neurociencias y las Neurotecnologías.

  • Red Latinoamericana de Conducta Humana y Políticas Públicas. Alianza INECO - BID
  • Entender cómo la gente piensa, se comporta y actúa ayuda a diseñar mejores políticas públicas. Facundo Manes, Florencia Boo.
  • Investigadores proponen nuevos derechos en la era de las Neurociencias. Informe de Jorge Nicolás Lafferriere, mayo de 2017.
  • Neurociencia, Derecho y Derechos HumanosManuel Ruiz Martínez-Cañavate


1. Red Latinoamericana de Conducta Humana y Políticas Públicas. INECO-BID

Su principal objetivo será asesorar a los gobiernos de la región a través de la aplicación de las ciencias del comportamiento. Se focalizarán en la primera infancia y en la vejez saludable de la población.

En el INTAL-LAB se reunieron más de 130 especialistas del campo de las ciencias del comportamiento, economistas, psicólogos, sociólogos, educadores, representantes de agencias no gubernamentales y funcionarios públicos con motivo del lanzamiento de la primera Red Latinoamericana de Conducta Humana y Políticas Públicas.
Liderada por la Fundación INECO, esta red estará conformada por los Ministerios de Educación, Salud y Desarrollo Social de la Argentina; la Secretaria de Cuidados del Uruguay y el Ministerio de Salud de Chile.
Las ciencias del comportamiento son un conjunto de disciplinas que centran su atención en la comprensión de la conducta humana, entre las que se encuentran: antropología, biología, ciencias políticas, ciencias de la educación, economía, filosofía, neurociencias, pedagogía, psiquiatría, psicología, criminología y sociología. De hecho, Richard Thaler, profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad de Chicago, ganó el premio Nobel de Economía 2017 por sus estudios en este campo. El trabajo del economista estadounidense muestra cómo afectan los rasgos humanos a las decisiones individuales, así como a los resultados del mercado.
Reducir el ausentismo escolar, mejorar la eficiencia energética, aumentar las horas de lectura infantil o lograr hábitos de alimentación saludable en la población, son conductas que se pueden estimular comprendiendo mejor el comportamiento humano.
Como primera línea de trabajo, esta red se focalizará en dos grandes áreas. Por un lado, cómo estimular el desarrollo infantil. Por ejemplo, cuando un niño que ha sido incentivado tempranamente en la lectura alcanza los tres años, en promedio escuchó 30 millones de palabras más que los menos estimulados. Por otro lado, esta red trabajará en cómo mejorar el envejecimiento saludable. En esta área, las ciencias del comportamiento pueden contribuir a que la población adquiera hábitos para lograr un cerebro saludable toda la vida.

... Gustavo Beliz, Director del INTAL, explicó que el diseño de las políticas públicas debe ser muy preciso, como si se tratara de “acupuntura para destrabar nervios y generar círculos virtuosos”. Además, agregó: “Necesitamos gobiernos de precisión que se basen en la enorme cantidad de datos para promover evidencia empírica, medir los resultados y sus impactos”.
Beliz recordó que este tema fue uno de los grandes ejes de Integración Regional 4.0, la conferencia central del INTAL en octubre de 2016, que contó con la participación como expositores de Facundo Manes, Mariano Sigman y Simon Ruda.
Por último, puntualizó sobre los dilemas éticos que los avances tecnológicos generan y parafraseó a Isaac Asimov, recordando que “una sociedad está en problemas cuando la velocidad de la acumulación de conocimientos de la ciencia es más rápida que la sabiduría que acumula la dirigencia”

...  La evolución de las políticas públicas. Florencia López Boo sostuvo, al cierre de la actividad, que los gobiernos de la región “se ven obligados a invertir mejor e intentar lograr más con menos”. Y es así como surgen distintas herramientas para optimizar las políticas públicas. Entre ellas, mecanismos de financiamiento basados en resultados, nuevos modelos de gestión de servicios públicos, nuevas tecnologías para mejorar la eficiencia y efectividad de dichos servicios y una mayor colaboración entre los sectores público y privado.
La aplicación de ciencias del comportamiento humano al estudio de las políticas públicas se enmarca en esta búsqueda. Según López Bóo: “Con esta Red queremos sumarnos al gran esfuerzo de los gobiernos del Cono Sur y toda la región para mejorar el bienestar de aquellos que más lo necesitan. Creemos que esto es crítico para fomentar soluciones innovadoras y costo-efectivas en las políticas sociales. Vamos a usar las ciencias del conocimiento del comportamiento real de las personas para diseñar mejores políticas”.
Agustín Ibáñez, describió como proyectos de la iniciativa: “la construcción de una institución regional pionera y aplicada al desarrollo social y de salud, la concreción de un programa de intervención para medir y mejorar la cognición y el lenguaje en niños en condiciones vulnerables, y llevar a cabo una plataforma clínica y de investigación para el envejecimiento patológico”.
Por último, Facundo Manes, se mostró muy entusiasmado con la red: “Hoy estamos hablando de la evolución de las políticas públicas. Es tomar en cuenta cómo los seres humanos pensamos, decidimos y actuamos para el diseño y aplicación de las políticas”.
sic ConexionINTAL


2. Entender cómo la gente piensa, se comporta y actúa ayuda a diseñar mejores políticas públicas.

Diseñar programas efectivos para reducir la pobreza, mejorar el aprendizaje y la enseñanza tanto en el aula como en el hogar, disminuir el ausentismo escolar, acelerar el proceso de reinserción laboral, bajar el consumo de tabaco, prevenir la diabetes, disminuir el riego de deterioro cognitivo, ayudar a las personas a contar con un mejor control del gasto de la energía en sus hogares o fomentar actitudes solidarias en la sociedad pueden parecer, a simple vista, acciones que no tienen nada en común entre sí, salvo que todas ellas generan un impacto social positivo. Sin embargo, son el resultado de combinar los descubrimientos de las neurociencias y las ciencias del comportamiento en el diseño y la implementación de mejores políticas públicas para que estas sean más efectivas en los propósitos que persiguen.

Existe evidencia de que entender cómo la gente piensa, se comporta y actúa en la realidad ayuda a lograr mejores políticas públicas. Por ejemplo, el diseño de programas de lucha contra la pobreza basado en los descubrimientos en el área de las ciencias sociales y del comportamiento que combine intervenciones de educación, salud, nutrición, estímulos cognitivos y socioemocionales puede ser efectivo en mejorar la capacidad de las familias para salir de la pobreza y escapar de los efectos adversos para la salud que a menudo atrapan generaciones. Tomando como ejemplo las experiencias internacionales, Fundación INECO, en conjunto con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), lanzan la primera red latinoamericana de conducta humana y políticas públicas.

El estudio del comportamiento humano no es reciente, pero dos hitos contribuyeron a renovar el interés de investigadores y funcionarios a cargo del diseño y la implementación de políticas. El primero se vincula con los avances recientes en neurociencia que han sido instrumentales para empujar la agenda no sólo en la ventana de oportunidad única que representa la primera infancia, sino también en el desarrollo de habilidades cognitivas y socioemocionales en todas las etapas de la vida. En particular, en los adultos mayores se demostró que nunca es demasiado tarde para aprender; y que en la adultez podemos seguir entrenando nuestro cerebro para envejecer de una manera más saludable y mejorar la calidad de vida. El segundo hito se remonta a fines de los años 90 y principios del 2000, cuando los economistas redescubrieron la psicología y su aporte a las teorías económicas a partir de la labor de Daniel Kahneman y Amos Tversky, dos psicólogos abocados a entender el comportamiento humano real, a diferencia del sujeto racional y perfectamente informado propuesto hasta entonces por la economía neoclásica.

En la última década, las ciencias del comportamiento generaron aportes en materia de salud, educación, desarrollo social, cumplimiento tributario, seguridad
De este modo, nació una nueva área que estudia las decisiones y los modos de actuar de las personas, lo que permitió explicar comportamientos aparentemente irracionales, predecirlos y también, si esto fuera necesario, planificar intervenciones para modificarlos. Por caso, el recurrente ejemplo de cómo explicar, y modificar, por qué uno termina comiendo comida chatarra cuando el objetivo del año era bajar de peso. Pero las ciencias del comportamiento tienen aún un mayor campo de acción: en esta última década generaron aportes en materia de salud, educación, desarrollo social, cumplimiento tributario, seguridad, transparencia, justicia, bienestar, entre otros. Para ello, la economía del comportamiento hace uso de "empujoncitos" (nudges) y de la arquitectura de alternativas (choice architecture) para promover decisiones que pueden ser consideradas superiores. Es así como microintervenciones en el diseño y la implementación de las políticas públicas pueden generar un gran impacto, mejorando la efectividad al tener como objetivo adecuarse al comportamiento real de los individuos y no a la inversa.

Las neurociencias y las ciencias del comportamiento tienen la posibilidad de ayudar a diseñar mejores políticas públicas y, en particular, políticas sociales.
Como vemos, las neurociencias y las ciencias del comportamiento tienen la posibilidad de ayudar a diseñar mejores políticas públicas y, en particular, políticas sociales. La exitosa experiencia del Behavioural Insights Team (BIT) del Reino Unido ha inspirado a que un mayor número de países muestre interés en el uso de los principios de las ciencias de la conducta para diseñar programas y políticas públicas que resulten eficaces. Estados Unidos, los Países Bajos, Dinamarca, Australia y Singapur ya tienen su BIT; sin embargo, no existe una experiencia así en países en vías de desarrollo (¡donde tanto se necesita!).

Por ello, en el taller "¿Cómo diseñar mejores políticas públicas para la primera infancia y el envejecimiento?" que se lleva a cabo en el Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (Intal) del BID en Buenos Aires, hoy 28 de septiembre, se lanza la primera red latinoamericana de conducta humana y políticas públicas. Esta red formada por la Fundación INECO y el BID nace como un primer paso para responder a este interés, al conformar un grupo multidisciplinario de expertos que asesore a los gobiernos de nuestra región. Es el puntapié inicial en el desarrollo de una agenda en auge a nivel internacional que tiene como principal objetivo alcanzar impacto social a través de políticas con una comprensión más realista de la conducta humana. En este sentido, si bien en principio la iniciativa tendrá aplicaciones amplias a las políticas públicas, continuará concentrándose en el desarrollo infantil temprano y en promover el envejecimiento saludable en la región.

Invertir en el desarrollo infantil debe ser una prioridad en sí misma. Pero además existe evidencia sobre su impacto positivo en la reducción de la pobreza y la desigualdad. Por ejemplo, señala que cuando los niños llegan a los tres años, aquellos que fueron más estimulados escucharon aproximadamente 30 millones de palabras que los menos estimulados, lo que coarta fuertemente las oportunidades y condiciona el desarrollo posterior. Por eso, una iniciativa de la Universidad de Chicago ("Thirty Million Words") busca educar a los padres de menores recursos para que establezcan una mayor interacción con sus hijos.

El envejecimiento en sí es algo positivo y refleja mejoras en las condiciones de vida, sobre todo si los años adicionales son en su mayoría saludables
Además, otra realidad importante en la región es el rápido envejecimiento de la población. Hoy en día el 11% de la población tiene más de 60 años, pero se prevé que en las próximas tres décadas esta cifra se triplique, es decir, una de cada tres personas va a tener más de 60 años, lo que significaría un 34 por ciento. El envejecimiento en sí es algo positivo y refleja mejoras en las condiciones de vida, sobre todo si los años adicionales son en su mayoría saludables. Sin embargo, estos años se pueden caracterizar por situaciones de dependencia funcional, discapacidad y problemas de salud, lo que representaría un gran problema humano y una carga económica para los sistemas sanitarios. Se ha calculado que intervenciones capaces de producir un retraso modesto en la presentación de la demencia, por ejemplo un año, reducirían la prevalencia de la demencia 7% en 10 años y 9% en 30 años. Retrasar cinco años la aparición de los síntomas podría reducir la prevalencia 40% en 10 años y 50% en 30 años. ¿Cómo lograr un envejecimiento saludable? Aquí el conocimiento generado por las neurociencias brinda elementos para diseñar políticas que mejoren las perspectivas del envejecimiento. Y las ciencias del comportamiento pueden contribuir a que la población adquiera hábitos saludables para favorecer a un cerebro saludable.

Por ello, la creación de una red latinoamericana de conducta humana y políticas públicas podría ser crítica para fomentar soluciones innovadoras en desarrollo social, educación y salud, entre otras áreas. Hasta el momento no se han propuesto iniciativas de este tipo que integren esfuerzos entre países de la región con problemáticas similares.
Para el BID, con gran experiencia en políticas públicas y desarrollo social en América Latina, y para Fundación INECO, un polo de neurociencias cognitivas latinoamericano de impacto internacional, es clave aunar fuerzas junto con la tarea de los gobiernos argentino, uruguayo y chileno en la promoción del bienestar de aquellos que más lo necesitan. Acciones como la conformación de esta red son pilares dentro de una estrategia más amplia de determinación para reducir la pobreza y mejorar la equidad social en nuestra región. 
Facundo Manes es presidente de Fundación INECO y rector Universidad Favaloro.
Florencia López Boo es economista senior en Protección Social del BID.  sic

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3. Investigadores proponen nuevos derechos en la era de las Neurociencias.
Informe de Jorge Nicolás Lafferriere, mayo de 2017.

“Hacia nuevos derechos humanos en la era de las neurociencias y las neurotecnologías” (“Towards new human rights in the age of neuroscience and neurotechnology”) es el título de un reciente y trascendente trabajo firmado por los investigadores Marcello Ienca y Roberto Andorno en la revista “Life Sciences, Society and Policy”.

Para los autores, así como ocurrió con la revolución genética, la revolución de las neurociencias va a remodelar nuestras nociones éticas y legales. “En particular, afirmamos que la creciente sensibilidad y accesibilidad de los neurodispositivos va a requerir en los años venideros que surjan nuevos derechos o al menos un mayor desarrollo de los derechos tradicionales para afrontar los desafíos planteados por la neurociencia y la neurotecnología” (p. 8). El desafío, sostienen, está dado porque estas tecnologías ofrecen posibilidades sin precedentes de acceder, recolectar, compartir y manipular información sobre el cerebro humano. Ello requiere una respuesta adecuada desde los derechos humanos y sus principios para prevenir consecuencias no deseadas.

Ienca y Andorno consideran que los actuales derechos humanos no resultan suficientes para enfrentar estos desafíos y proponen cuatro nuevos derechos que pueden tener gran relevancia en las próximas décadas: 
- el derecho a la libertad cognitiva: esta noción, que en alguna medida es una extensión del tradicional derecho a la libertad de pensamiento y de conciencia, comprende dos principios: el derecho a usar las neurotecnologías emergentes y la protección de los individuos de usos coercitivos o no consentidos de estas mismas tecnologías. Se trata de una libertad complejaque, según Bublitz, presenta tres dimensiones: la libertad de cambiar de pensamiento; la protección contra intervenciones de otros en la propia mente para proteger la integridad mental; y la obligación legal y ética del Estado de promover la libertad cognitiva.
- el derecho a la privacidad mental: para Ienca y Andorno, este derecho “apunta a proteger cualquier dato o información del cerebro acerca de un individuo registrada por un neurodispositivo y compartida por el ecosistema digital. Este derecho protegería las ondas cerebrales no sólo como datos sino también como fuente de información. Además, no sólo cubriría los datos cerebrales conscientes sino también los datos que no están (o solo lo están parcialmente) bajo control voluntario y consciente de la persona. Finalmente, garantiza la protección de la información cerebral en ausencia de una herramienta externa para identificar y filtrar esa información” (p. 15).
- el derecho a la integridad mental: este derecho protegería la dimensión mental de los individuos de daños potenciales. el artículo recuerda que Ienca y Haselager introdujeron la expresión “hackeo malicioso del cerebro” (“malicious brainhacking) para referirse a actividades criminales que pudieran influir de manera directa en el funcionamiento de los neurodispositivos utilizados por los individuos
el derecho a la continuidad psicológica: este derecho protegería la identidad de los individuos contra cambios en la personalidad que podrían resultar del uso malicioso de ciertos dispositivos cerebrales, tales como los utilizados para la denominada “estimulación profunda del cerebro” (deep brain stimulation) o de manipulación de la memoria. Los investigadores citan a Pycroft, quien habla de “secuestro del cerebro” (brainjacking), que sería una modificación de la actividad cerebral personal por acceso no autorizado a neurodispositivos por terceros y que podrían significar un robo de información mental y afectación de la privacidad mental, cese de la estimulación y daños en tejidos o en funciones motoras e incluso alteraciones del control de los impulsos, modificación de emociones o afectos, inducción al dolor. El derecho a la continuidad psicológica tendería a preservar la identidad personal y la coherencia de la conducta individual contra modificaciones de terceros. Protege la continuidad de los pensamientos habituales, preferencias y opciones, a través de la protección de las funciones neuronales subyacentes (p. 21).
En sus conclusiones, Ienca y Andorno enfatizan que “a la luz del cambio disruptivo que la neurotecnología está provocando en el ecosistema digital, es urgente que el terreno normativo esté preparado para prevenir el mal uso o las consecuencias negativas no deseadas” (p. 23).

Fuente: Ienca, Marcelo; Andorno, Roberto, “Towards new human rights in the age of neuroscience and neurotechnology”, Life Sciences, Society and Policy (2017) 13:5. DOI 10.1186/s40504-017-0050-1.   sic Centro de Bioética. Persona y Familia. 

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4. Neurociencia, Derecho y Derechos Humanos, Manuel Ruiz Martínez-Cañavate

Resumen. El avance de las neurociencias en las últimas décadas ha desencadenado importantes consecuencias en el terreno de la medicina y la biología. De un modo paralelo, el desarrollo de las aplicaciones neurotecnológicas abre importantes vías de relación con el Derecho, en particular en los ámbitos penal y procesal. Los efectos de tal relación pueden llevar al replanteamiento de nociones clave como la libertad, la voluntad, la responsabilidad, o el castigo. En el terreno probatorio, tales avances exigen valorar la viabilidad y eticidad de los denominados medios de prueba cerebrales. Ante tales progresos, la Neuroética nació como ciencia en el Congreso de San Francisco de 2002, con una vocación interdisciplinar. La propia definición y virtualidad de la Neuroética significa para autores destacados en el campo de la filosofía moral y jurídica la consagración de la posibilidad de una ética universal basada en el cerebro humano. Adela Cortina matiza que tal afirmación sólo representaría una ética con fundamento cerebral.
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